domingo, 9 de noviembre de 2014
La crisis de Crunch y 50 friends en el manejo de redes sociales.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Los logotipos, ¿tienen que gustar?
domingo, 24 de agosto de 2014
¿Por qué las redes sociales no funcionan para los negocios?
Uno de los argumentos que suelen esgrimir es: "mis clientes no están en redes sociales" o bien, "es que el número de clientes es tan pequeño que ¡para qué!". ¡Falso!
miércoles, 13 de agosto de 2014
¡¡¡Correr!!!, toda una cultura.
Una marca, aspira siempre a convertirse en un fenómeno de sus consumidores, ansía lograr tener algo así como una fuente interminable de compradores. La pregunta que yo te hago es: ¿qué harías si tuvieras algo así como 2.5 millones de clientes, ávidos de consumir tu producto en México?
Pues esa cifra es de corredores que participan en maratones en nuestro país, según estimaciones de organizadores mexicanos de competencias. Sin embargo, de acuerdo con datos de España, en 2012 a nivel mundial algo así como 6.5 millones de personas participaron en una carrera de 5K. La preferida de los runners.
Y sí, durante los últimos diez años, el running (correr en competencias urbanas) se ha convertido en el anhelado de toda marca: crecer a doble dígito año con año. Correr ha pasado a ser no sólo una forma de hacer ejercicio. Se ha vuelto en todo un complejo sistema que genera un altísimo engagement entre sus usuarios. Los consumidores de esta marca: correr -running-, lo hacen por diversión, por salud, por una buena causa social, por luchar contra alguna enfermedad, porque es de noche o porque queremos acabar pintados de colores, porque ahora iremos con nuestros perritos... Por todo eso y más, la gente participa en una carrera.
Y la pregunta que me hacen algunos clientes es: ¿y cómo se logra eso con una marca? Mentiría yo sí dijera que es un asunto simple y rápido, no. En primer lugar porque lleva tiempo construir el mundo de la marca. Un mundo -como he comentado en otras ocasiones- con un código (lenguaje) compartido entre todos los involucrados. También requiere de una historia (leyenda) que vivir. No puedo hacer a un lado un factor muy importante: los ritos que acompañan el hecho de co-crear la marca. Entendamos dichos ritos como todo ese sistema de creencias vivenciales y actitudinales que todos cumplimos para pertenecer a "algo".
Y es que, a final de cuentas, correr "no tiene nada de malo". Dicen varias personas que conozco y que practican dicho deporte. Tienen razón. Así lo afirman las dos principales marcas que se comen la mayor parte de la rebanada de este suculento pastel. Nike y Adidas se embolsaron en 2012 más de 3,600 millones de dólares, gracias a la venta de zapatos para practicar el running. 2,271 millones de dólares fueron para Nike y el resto para Adidas.
Las ciudades que organizan los tradicionales maratones también aseguran que correr es muuuuy bueno. La maratón de Nueva York deja una derrama de más de 350 millones de dólares en cada una de sus ediciones, al congregar a no menos de 40,000 participantes; mientras que la ciudad de Londres recibe, en promedio, más de 560€ por cada maratonista que participa en la edición de abril de cada año.
Lo que me queda claro es una premisa: a mayor dedicación hacia la marca, mayor gasto en ella. En México el runner gasta un promedio de $6,000 al año en ropa, gadgets, relojes, medidores del pulso, audífonos, agua y bebidas isotónicas, entre otras "cositas" que se van poniendo de moda. Vaya que correr no tiene nada de malo, cuando cerca del 45% de los consumidores tienen entre 30 y 39 años y parcialmente dominado por mujeres con algo así como el 55% del segmento. Lo mejor de todo es que difícilmente pueden salir desertores u opositores con la suficiente fuerza como para que la marca running pierda el vuelo de hasta ahora, porque el rito de consumo se refuerza con la máxima helénica: "mente sana en cuerpo sano".
lunes, 4 de agosto de 2014
Tres razones para hacer branding
domingo, 27 de julio de 2014
La otra tragedia de Malaysia Airlines: la muerte de su marca
miércoles, 10 de marzo de 2010
Entre más marca... más compromiso.
El valor financiero que las marcas pueden llegar a representar, ciertamente es impresionante. Y la pregunta del consumidor es ¿Y nosotros cómo importamos?Posterior a la publicación de la semana pasada donde doy a conocer el ranking de las 10 mejores marcas según un estudio de Brand Finance. Recibí unos cuantos correos que iban en el mismo sentido del comentario de una asidua y querida lectora de este blog. Alice mencionaba que “Sería excelente que el valor de la marca fuera tan redituable para los consumidores como para las corporaciones, en el caso de empresas de servicios como TELMEX y Telcel, por ejemplo. Desde mi punto de vista como usuaria de ambas, percibo que los ingresos de ambas compañías son estratosféricos y, sin embargo, el servicio que yo recibo no vale lo que pago.”
Y cierto, en varios casos el valor de marca a nivel financiero no es visto en positivo por los clientes. Sin embargo es un hecho que no podemos soslayar. Y es precisamente ese principio el que debería hacer que los directores y presidentes de las compañías pusieran mucho más cuidado y atención en la comunicación que están teniendo públicos internos y externos de las compañías.
El punto que hace que Alice y muchas otras personas tengan en común una percepción de desventaja en la relación costo-beneficio se suscita por el hecho de que pareciera que consumidores y empleados hablan idiomas diferentes.
Cuando se da el caso que llegamos con la empresa de nuestra preferencia o, en el peor de los casos, la única opción en el mercado y nos responden con frases de manual como: “así es la política de la empresa…” o, “el proceso no me lo permite…” o bien, “usted pague primero para darle curso a su reclamación…” es cuando no estamos en el mismo canal de comunicación.
Y por más comerciales que nos hablen de “Porque te entendemos…” o “Nuestra prioridad eres tú” o el tradicional letrerito que reza “En este lugar el Cliente es lo más importante”. Acciones como las mencionadas arriba son las que quedan ancladas en la percepción de los consumidores.
El gran reto a desarrollar es la generación de una capacidad que armonice ambos lados del intercambio comercial, clientes y empresa, ya que ello crea cohesión, coherencia y claridad.
Las cabezas de las empresas precisan de poner esmero en la gestión de sus marcas porque el valor intangible del compromiso con todos sus públicos es el que les permitirá continuar teniendo un papel en la sociedad.
martes, 2 de febrero de 2010
El futuro de las empresas chicas.
La pregunta fue muy precisa. Es evidente que nuestro país está conformado por cerca de 4 millones de empresas medianas y pequeñas, ¿cuál va a ser el futuro de ese tipo de negocios si no tienen fácil acceso a expertos en branding?Como ya lo señalé, en diciembre pasado fui invitado como ponente de un par de conferencias a un encuentro universitario al norte de la ciudad de México. Una de las charlas giró en torno al uso inequívoco del Branding como una herramienta poderosísima en la penetración de mercados y, no sólo eso, sino también en el posicionamiento certero de una marca en segmentos bien definidos de mercados.
Al momento de las preguntas, un empresario de la zona se levantó y me hizo el planteamiento inicial del este post. Mi respuesta fue meditada con detenimiento para decirle que, en efecto las empresas mexicanas entrarán en un proceso de depuración donde aquellas corporaciones que sean capaces de flexibilizarse y de moverse acordes a las tendencias no sólo de las exigencias de sus consumidores, sino también de la dinámica de los negocios, serán las que permanezcan en el futuro.
El punto es que el branding no sólo es la aplicación impecable de la imagen en los diversos medios de contacto de la marca con sus consumidores. Esta herramienta bien ejecutada, es el mecanismo a través del cuál los clientes hacen un vínculo emocional con la marca y el lazo es prácticamente indisoluble. El eje rector de ello es la propuesta de vida que la marca pueda llegar a hacer hacia su segmento. La tendencia es que la segmentación ahora, sea más plural. Menos restrictiva, más de pertenencias que de preferencias.
Para lograr lo anterior, no puede únicamente utilizarse el olfato de los directivos o dueños de las empresas. Siempre he reconocido que los clientes saben a la perfección su negocio, de ahí la enorme importancia del trabajo conjunto con ellos y nosotros como especialistas. Sin embargo no saben de penetración de mercados y el asunto debe ir más allá. 
¿Hasta dónde? Hasta los límites donde se reconocen e identifican a la perfección los códigos culturales del consumo de los clientes. Es decir, los elementos más profundos que hacen activar la decisión de compra hacia un objeto de marca X y dejar de lado la marca Y.
En mis 20 años de trayectoria, todavía no conozco a un empresario que con el mismo tiempo de experiencia en su negocio, pueda darme ese código de cultura que hace que sus clientes decidan por ellos y no por la competencia.
Es muy simple, los códigos culturales sólo existen en los usuarios. No hemos podido diseñar una utilería que nos lo proporcione de facto, para trasladarlo a una estrategia de marketing que incluya una propuesta clara y aceptable por los usuarios.
No es así, la investigación cualitativa es el personaje central de este cuento. Y sólo por medio de ella es como construiremos una estrategia de branding de niveles competitivos en mercados híper ofertados. A final de cuentas, los consumidores están dispuestos a hacer esto que verás.
lunes, 25 de enero de 2010
Conocer las Expectativas del Cliente
La empresa no se hace responsable por la pérdida de objetos dejados en el interior del vehículo.¿Cuántas veces no has visto, leído o escuchado esto? A mí es una situación que me rompe por completo. Me parece increíble ponerme a pensar en un proyecto de empresa que resuelva el meollo del asunto con una leyenda de este tipo.
Te has preguntado ¿cómo es posible esto? Comprenderías a un médico que te dijera: mire, yo no me responsabilizo por su salud ni por la cirugía que le practicaré. O bien a un ingeniero civil que a la conclusión de la edificación de tu casa te dijera: Señor (a), aquí tiene la casa que me pidió, sólo quiero aclararle que no me hago responsable si ésta se cae en el primer temblor o un buen ventarrón.
Ahora imagínate que te pones a pensar en una empresa donde prestarás los servicios de valet parking, y en cada lugar pones un imponente letrero que diga “NO NOS HACEMOS RESPONSABLES POR OBJETOS EXTRAVIADOS.” Como si “los objetos” tuvieran voluntad.
Desmenucemos un poco esto. Creas tu empresa porque es indispensable ante la carencia de espacios de estacionamiento, dar cabida y facilidad a los automovilistas que llegan a un lugar. Este servicio implica, forzosamente un resguardo del automóvil. Luego entonces, ¿cómo es posible que no te hagas cargo del resguardo del auto y sus componentes internos?
El planteamiento que hago no es para quejarme por alguna situación vivida el pasado fin de semana, sino para evidenciar la importancia de tener un concepto enfocado del negocio, aunado al hecho de que hoy día es indispensable conocer a profundidad las expectativas de los clientes. Mismas que emergen desde una investigación cualitativa para hacerse presentes en ideas claras de lo que el consumidor espera.
No se tú, yo por mi parte de la empresa que se va a hacer cargo de mi auto –valet parking- no espero levantar un minucioso inventario de cuantas cosas llevo dentro. Ello con la finalidad de inhibir las intenciones delictivas de los empleados de la misma. Lo que sí espero, es que me proporcionen una confianza férrea en el cuidado de mi patrimonio.
Aquí es donde viene una transformación radical en la concepción de los negocios en la híper realidad del siglo XXI. Cuidar carros a través de chóferes que los llevan y traen para comodidad de las personas, lo hace cualquiera. Quienes vivimos en la Ciudad de México lo sabemos a la perfección.
Otro boleto aparte es otorgar confianza y seguridad absolutas en el resguardo de autos. Esto es una tarea ya limitada a unos cuantos que conocen la importancia de garantizar su unidad de negocio en el mediano y largo plazos.
Lo anterior es posible por las herramientas en tendencia que la mercadotecnia nos ofrece. Tales como el branding, que prioriza como parte fundamental el cumplimiento total de lo que el cliente espera de la experiencia de compra. Y va más allá, incluso impulsa la posibilidad de insertar un sobre precio considerable si se están cumpliendo en demasía las expectativas de los consumidores.
Brandear como se dice coloquialmente, no es simplemente la aplicación impecable del logotipo en todos los medios de contacto del cliente con la empresa. Debe considerar toda una experiencia de consumo.
sábado, 23 de enero de 2010
50% Mentiras
Si desarrollas tu plan sobre la máxima de que la mercadotecnia es mitad mentiras y mitad verdades, te anticipo: Vas directo al fracaso.
En diciembre pasado fui invitado al encuentro universitario de una institución localizada al norte del área metropolitana de la ciudad de México –de hecho, muy al norte- y allí me dispuse a hablar sobre tendencias actuales de mercadotecnia.
Debo aclarar que cuando me llamaron para hacer la invitación, pregunté sobre qué querían que hablara. Respondiendo que el especialista era yo y que el tema, seguro sería de interés. Minutos, quizás segundos después dije: Ya está, charlaré sobre… y mencioné el nombre citado en el párrafo anterior.
Cuando empecé a preparar mi ponencia me detuve a cavilar entorno al tiempo que dispondría, sesenta minutos. Para lo cuál caí en cuenta que no podría hablar de todas las tendencias, sino sólo de unas cuentas. Tres para ser exactos.
Esta ponencia estará disponible la próxima semana y podrás conocer en minucia lo allí charlado. Te adelanto que mucho giró alrededor de mi tema apasionante. Branding y consumo.
Al término dispuse de una retroalimentación con los alumnos y pedí que echaran unas preguntas a la mesa. Al cabo de un par de ellas una chica de apenas primer o tercer cuatrimestre me pregunta: “Maestro, hay quienes dicen que la mercadotecnia es cincuenta por ciento verdad y cincuenta por ciento mentira. ¿Qué opina de esto?”
Quienes me conocen sabrán que de inmediato gesticulé alguna cara que provocó la risa del resto de los asistentes. Me detuve a meditar cuál podría ser una respuesta que no evidenciara lo caduco del paradigma presente en la mercadóloga en ciernes. De rato inicié con un largo hum y dije: Mira, no se quiénes dicen eso, al menos yo no lo podría asegurar como lo haces tú. Lo que sí te puedo garantizar es que si sigues pensando eso, deberás estar consciente que tendrás solamente el 50% del mercado. Mismo que estará compuesto por la porción que recibe tu cincuenta por ciento de verdad.
Sin duda alguna el paradigma actual demanda de las empresas –grandes o pequeñas- un manejo claro y enfocado de la información intercambiada a lo largo de su relación con el cliente. Hoy día los consumidores no nos damos el lujo de recibir medias verdades de parte de las empresas a las que les damos nuestro dinero. Ya no estamos dispuestos a realizar el trueque únicamente por la cosa objeto de compra.
Definitivamente buscamos, por ser una de las tendencias de la mercadotecnia, que el acto de compra sea toda una experiencia que trascienda los planos del utilitarismo y funcionalidad de las cosas. Y es aquí precisamente donde el branding hace todo su trabajo en pos de conocer los vínculos emotivos e irracionales que el consumidor posee acerca de un producto en particular.
El branding nos capitaliza y posiciona en una situación tal, que la marca se convierte en el todo, alfa y omega en la relación de consumo. Aclarando que no es la META SOLUCIÓN, pero ayuda bastante.




































